La «isla de la belleza» se esmera en preservar tanto su riqueza natural como la legada por el hombre. Estos paisajes diversos y llenos de contrastes, entre el mar y la montaña, producen una gastronomía típica en la que el cerdo y el queso los protagonistas indiscutibles. Para saber apreciar esta isla hay que amar las cosas con carácter: el queso de cabra y el de oveja son distintivos de la isla. Sin olvidar el Brocciu, el queso ricotta corso, un manjar tanto dulce como salado. Asimismo, cabe destacar que en los años 1900 se concedió a Córcega el derecho de fabricar roquefort. Esto explica que prácticamente la totalidad de la leche corsa se destine a la elaboración de «fourmes» que terminan su maduración en los sótanos de Roquefort.