Aquí, el ojo solo se detiene en las inmensas extensiones de viñas milenarias. Pero entre los viñedos que producen los famosos caldos, una parte de las tierras se han reservado para la ganadería. Dividida en diferentes terroirs, Borgoña ha dado lugar a infinidad de producciones muy heteróclitas, de las más suaves a las más marcadas. Su eclecticismo va del Brillat Savarin al Bouton de Culotte, pasando por el Charolais y, por supuesto, el famoso queso Époisses de Bourgogne, una pasta blanda que lleva el nombre del pueblo de Auxois en el que se fabrica.