&

& Vino blanco dulce Sainte Croix du Mont 2010

El queso: Bleu d’Auvergne...

La pasta es blanca y homogénea, y está prácticamente cubierta de moho verde oscuro o azul. Este queso tiene un aroma bastante intenso, un gusto característico y un sabor ligeramente agrio y con matices picantes. También desarrolla un toque agrio y notas lácteas acompañadas de sabor a seta y a moho, que es lo que le da «gancho» a este queso.  

La bebida: Vino blanco dulce, Sainte Croix du Mont 2010...

Se trata de un vino blanco dulce perfectamente estructurado y con reflejos dorados. El buqué de este vino es un recital de aromas que nos recuerdan a la infancia: miel, cera de abeja, membrillo, albaricoque…. En boca, la primera sensación revela un fondo agradablemente ácido sustentado por un componente ligero, cálido y equilibrado. La dulzura que se funde en la textura del queso consigue que resulte flexible, elegante y untuoso. La sensación táctil se hace evidente en contraste con el toque sedoso y constante del vino. El final es muy meloso.  

Temperatura de degustación

Para que el vino destaque al máximo, debe servirse tal y como exige la tradición. Los vinos dulces se sirven a unos 7 u 8 grados, nunca a una temperatura superior, ya que la intención es conservar el frescor (el nivel de acidez) del vino. A la temperatura adecuada, el vino recibe el sabor del queso con los brazos abiertos facilitando una unión armónica.  

La unión de las texturas y de los sabores

Este vino capta la más mínima expresión de los sabores del queso y su dulzura, así como su esponjosidad y su untuosidad, impregnándose de todas las facetas expresivas del mismo. Los vinos dulces siempre demuestran que saben apreciar los quesos azules creando una alianza gustativa y espiritual que resulta un auténtico placer. Para los aficionados al queso y al buen vino, esta combinación es una sinfonía lírica formada por un dúo extraordinario.